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El jefe máximo: diputados, a sus órdenes
alt•Todos son yunistas

Barandal

Luis Velázquez

Veracruz, 29 de diciembre de 2016.- PASAMANOS: La división de poderes públicos siempre ha sido una falacia y una utopía. Los poderes Legislativo y Judicial, sometidos al Ejecutivo. Al jefe máximo, dice la conseja popular, “no se le rebasa ni en carretera”. Y si la historia así lo confirma, ninguna razón hay para que Veracruz sea un parteaguas

Por ejemplo. En los días que corren de diciembre, las facultades metaconstitucionales y el culto a la personal registran las siguientes acciones:

Una. El nombramiento del Fiscal, luego de que el anterior elegido por el Congreso, ajá, para un periodo de nueve años fue sometido y obligado a renunciar.

En una primera “tomadura de pelo” lanzaron a diez aspirantes. Luego, fue reducido a cuatro. Pero todos, comparsa y faramalla ramplona y barata. Todos saben que el favorito es Jorge Winckler. Pero se hacen tontos. Fingen. Apuestan a un beneficio, más allá de currículo. “Quítate… porque ya llegué”, la máxima pichada democrática.

Dos. El góber azul envió la propuesta de los reporteros para integrar la dichosa Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas que en los 18 años anteriores (de Miguel Alemán a Javier Duarte) han servido para “tirar incienso” a la elite política en turno. 21 millones de presupuesto anual, donde el 80, 85 por ciento se va en sueldos. Y sueldos de hasta 60 mil pesos mensuales, más 3 secretarias personales, más choferes, más dos camionetas al servicio del secretario, el más poderoso.

Así, la lista de los trabajadores de la información fue aprobada fast track por la mayoría legislativa.

Incluso, y sin que nadie se asuste, pero varios de tales periodistas fueron duartistas y fidelistas a morir. “A tiro por viaje” les lanzaban el incienso…, a cambio, claro, de privilegios y canonjías. Ahora, son yunistas a morir.

La insólita capacidad camaleónica para mudar de ideología, de principios, de valores, ante la tentación del cargo efímero.

Y vasallesco.

BALAUSTRADAS: Tres: La medalla “Adolfo Ruiz Cortines” a las ONG, Solecitos y Colectivos, integrados con familiares de los secuestrados, desaparecidos y asesinados en el tiempo aciago en que Veracruz fue convertido de un paraíso terrenal en el infierno.

En campaña electoral por la gubernatura, la alianza PAN y PRD se reunió en Coatzacoalcos con ellos. Lógico: menospreciados por Javier Duarte, el Yunes azul los apapachó. Y se trepó en ellos.

Ahora, digamos, los premió con la medallita, de igual manera como Enrique Peña Nieto con la medalla “Belisario Domínguez”.

El Príncipe, “curándose en salud”.

De nada sirve, dijo un miembro de las ONG, la medallita si los hijos siguen desaparecidos y ni siquiera, vaya, los restos óseos para sepultarse en la mejor tradición religiosa.

Cuatro: La aprobación fast track, dedazo puro, de la llamada Comisión de la Verdad… para, digamos, el ajuste de cuentas con el duartismo sobre el río de sangre y el valle de la muerte en que dejó a Veracruz.

En México, dice la conseja popular, si deseas archivar con demagogia los asuntos pendientes ha de integrarse una Comisión, simple “atole con el dedo”.

Allá las ONG, Colectivos y Solecitos si creen, pues al momento el río de sangre sigue corriendo, imperturbable, como en casa, en el territorio jarocho.

“Tengan paciencia. Estamos llegando” dice, como todos, el secretario de Seguridad Pública.

Y, bueno, “la verdad dicha a su tiempo”, la misma cantaleta de que estamos investigando repetida durante los seis años del duartazgo.

“La esperanza dura más que la lealtad” repetía Fidel Herrera Beltrán la frase célebre de Carlos Hank González, aquel de que “político pobre es un pobre político”.

ESCALERAS: Cinco: Como loros en la jaula casera, las bancadas del PAN y PRD repiten la cantaleta oficial. Todos los duartistas son corruptos. Todos nosotros, impolutos.

Al momento: ningún duartista preso, a pesar, incluso, de órdenes de aprehensión del Fiscal anterior en contra de Arturo Bermúdez Zurita y Gabriel Deantes. A pesar de que el CEN del PRI tiene en proceso la expulsión de Antonio Tarek Abdalá. A pesar de que hasta las esposas de uno que otro se ampararon.

Por el contrario, la humillación. El trato ríspido. El vejamen. Bastó, dijo el góber azul, que acalambrara a Moisés Mansur, el prestanombre favorito de Duarte, con la cárcel para su esposa para despepitar todo y abrir la caja de Pandora, la cloaca nauseabunda, la atarjea política.

Seis. Luego de la audiencia con el secretario de Hacienda y Crédito Público, el discurso oficial fue avasallante. Ni un crédito sería solicitado al Congreso local para su aprobación. Y a la primera de cambios, los diputados levantando la mano, reproduciendo el mismo vasallaje de los diputados de Javier Duarte a quien en el sexenio le autorizaron 26 empréstitos.

El sistema político es así. El jefe máximo (el presidente de la república, el gobernador, y con frecuencia, hasta los alcaldes) son dueños del destino social. Dueños del día y de la noche. Ellos dan y quitan. Ellos aprietan y lo hacen en nombre de la ley y la justicia. Ellos son la verdad. La verdad absoluta.

Y, de ñapa, la fascinación del poder que llega, incluso, a grados de locura. Por ejemplo, igual que en la cultura azteca entregar la hija (y hasta la pareja) al gobernante en turno, siempre, a cambio de favores. Desde el billete fácil hasta cargos públicos y candidaturas a un cargo de elección popular.

El príncipe Moctezuma enviando el oro y 20 indígenas vírgenes a Hernán Cortés en su desembarco en las playas de Chalchihuecan. Y Cortés, muy fregón, repartiendo a las chicas entre sus generales, sin quedarse con ninguna porque venía con sífilis.

El poder, dice el clásico, corrompe. Y el poder absoluto corrompe de manera absoluta. Los poderes Legislativo y Judicial, al servicio del Ejecutivo.

Y por añadidura, el manejo de las finanzas y las corporaciones policiacas, parte de los medios, y parte de los ministros de Dios y la mayoría de los líderes sindicales y los caciques y los medios.

 
 
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