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Desbandada priista en Veracruz; todos, al PAN y MORENA

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Luis Velázquez /Escenarios
Veracruz, 30 de diciembre de 2016.-1 En el PRI de Veracruz hay desbandada en puerta. Ene número de militantes solo cree tener dos caminos. Buscar una candidatura edilicia en la alianza PAN y PRD. O en MORENA. El resto de los partidos, condenados a la derrota. Incluso, el tricolor.


Y más, porque están conscientes que de aquí al 2018 la Yunicidad los tiene cercados. Pero todavía más: ninguna duda tienen de que hasta el año 2024 quedarán atados. Si Fidel Herrera fracasó en su Maximato, el Yunes azul podría, digamos, triunfar. La esperanza por delante, la posibilidad de que ellos sean.
Hay quienes, claro, gallitos de pelea, sueñan con la presidencia municipal. Otros, una sindicatura o una regiduría, pues, total, son 3,500 a repartir.
Y si el PAN y PRD llegaron a palacio en mancuerna, ninguno de los dos partidos tiene el suficiente material humano, menos de reserva, para cubrir tantos cargos públicos a distribuirse.
Aparte, además, de los cargos de confianza en los Ayuntamientos. Directores y subdirectores, jefes y subjefes, pues, vaya, hasta el reparto de la basura es un negociazo, como bien lo testimonio el “Rey Lopitos” de Veracruz, el rey de la basura, Nino Baxzi, quien ya fue diputado local y ahora sueña con la alcaldía jarocha.
La desbandada arrecia en la militancia priista porque miran el arcoíris y “la caballada está demasiado pobre” para ganar en las urnas.
Desde ahora, y por ejemplo, sienten que varias alcaldías están perdidas. Coatzacoalcos, Minatitlán, Acayucan, Los Tuxtlas, Boca del Río, Veracruz, Córdoba, Orizaba, Poza Rica, Tuxpan, Tantoyuca y Pánuco, entre otras, de las más importantes.
Y si tal cual sucedería en las demarcaciones anteriores, en el resto, peor.
El PAN, con el góber azul, es ciento por ciento absorbente. Quieren de todas… todas, como en la cargada eufórica del PRI del siglo pasado.
Y en MORENA, con Andrés Manuel López Obrador, son igual de fogosos.
El PRI, con el pasiflorine Felipe Amadeo Flores Espinoza, en el limbo. Peor tantito, arrodillado ante el Yunes azul.

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En la primera elección municipal del Chirinismo, 1992/1998, Felipe Amadeo Flores Espinoza perdió 50 municipios. Y en la segunda, Miguel Ángel Yunes Linares, 107.
De entonces a la fecha, Yunes desertó del PRI luego de 26 años ininterrumpidos de pasión roja y se volvió panista. Y desde el PAN entró al palacio como gobernador.
Flores Espinoza sigue con bajo perfil, sobreviviendo. Y cuando en el duartismo lo sacaron de diputado federal para envolverlo en papel celofán como Procurador bajo la promesa de un salto a la SEGOB camino a la candidatura estelar, lo engañaron.
Ahora, cohabita a plenitud con el Yunes azul, pensando, digamos, en tiempos buenos para su hijo, el magistrado del Tribunal Superior de Justicia que soñara con la presidencia y perdiera.
El caso es que la militancia tricolor observando que el PRI se ha vuelto un PRI azulado multiplica la desbandada mil veces anunciada.
Y más, cuando advierten la rijosidad del senador Héctor Yunes Landa, arrasando con todo y con todos para adueñarse de la candidatura a gobernador en el año 2018 y en donde una vez más enfrentará a su exprimo, pues uno de sus hijos será el candidato al trono imperial y faraónico.
Y con un PRI como partido de oposición, noqueado en la arena económica y financiera, arrastrando el peor descrédito en la historia local, y un Yunes azul fuerte, todopoderoso, y un gallito de pelea fina como MORENA, la militancia, la base, los mandos medianos y bajos, se reinventan.
MORENA y el PAN/PRD los espera.
Y más, luego de que durante muchos años han vivido de la esperanza, confiando en una mejor oportunidad, ninguneados y despreciados por una tribu en el poder excluyente e intolerante como los Duarte, los Fidel, los Lagos, los Carvallo, los Silva y los Mota.

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Está claro que la competencia electoral en el mes de junio del año entrante con las alcaldías se dará entre el PAN/PRD y MORENA.
El PRI, un simple invitado a una tajadita del pastel.
Más podría, incluso, ganar el PVEM, una de cuyas mujeres emblemáticas, Carolina Gudiño Corro (directora del Instituto de la Mujer, diputada local y federal y alcaldesa en las filas del tricolor) se ha convertido en dirigente del partido verde, luego de perder por vez primera en las urnas la curul federal que creyéndose invencible la quiso por Boca del Río, el feudo de los Yunes azules.
Muchos líderes priistas tronando en contra de sus mismos compañeros, azuzando la fractura interna, incluso, más allá de las pasiones efímeras, como el caso de Raúl Díaz Diez, en el puerto jarocho, quien vive para odiar a Salvador Manzur Díaz.
Un expriista lanzó al tricolor del palacio de gobierno de Xalapa y también de la mayoría en el Congreso.
Pero todo indica que lo descarrilará en el fondo del pantano de aquí al año 2024, mínimo.
El Maximato de la Yunicidad, pues, a tono con la sabia enseñanza de Plutarco Elías Calles, quien impusiera a cuatro presidentes de la república, luego de que él mismo la usufructuara, rebasando por completo a su amigo Álvaro Obregón.

 
 
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